Carl Sagan (noviembre 1934 – diciembre 1996)

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ES: Atención: Este artículo tiene más de dos años de antigüedad, de modo que los puntos de vista, opiniones e instrucciones que se vierten en él pueden no corresponder con cómo pienso ahora o cómo funcionan las cosas en la actualidad. He evolucionado (y también lo han hecho el mundo e Internet), así que probablemente lo más recomendable sería entender esta entrada como un simple reflejo del (de mi) pasado. :)

Esta nota se publicó en el boletín de la Asociación de astrónomos aficionados de Pontevedra al conmemorarse el 5º aniversario de la muerte de Carl Sagan.
La reproduzco aquí al cumplirse los 10 años de su fallecimiento.

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Carl SaganAstrónomo, pedagogo, filósofo y escritor, Sagan ha sido uno de los mejores divulgadores científicos de la historia y, sin duda, el más popular hasta la fecha.

La mayoría de las personas que sólo lo conocían por sus obras albergaba la esperanza de poder llegar a conocerlo personalmente algún día y comprobar así la afabilidad con la que impregnaba todos sus escritos. Pero hay un buen motivo de consuelo: al igual que lo que se dice de otro gran divulgador científico: el padre Feijoo, la lectura de sus obras nos ofrece a sus admiradores la sensación de estar dialogando con un buen amigo. En el caso de Sagan, esta sensación puede ser menos abstracta si recurrimos a la serie de televisión Cosmos, que se ha convertido en la producción con más espectadores en toda la historia de la televisión: 500 millones en 60 países. Aunque seguramente muchos opinamos que esta serie debería emitirse más a menudo.

La obra de Carl Sagan ha inspirado a millones de personas para abrir su mentes a las maravillas del universo y de la ciencia. Llevó la emoción y los retos de la investigación científica a millones de familias del mundo, y siempre empleó ese talento comunicador para el bien público. No sólo se centró en la exploración espacial, sino que se convirtió en uno de los adalides de la defensa del medio ambiente aquí en la Tierra.

Carl Edward Sagan nació el 9 de noviembre de 1934, en el barrio de Brooklyn, Nueva York. Estudió en la Universidad de Chicago y sus primeras aportaciones a la comunidad científica no pasaron inadvertidas; en una de las épocas más conservadoras de EEUU, sus conjeturas fascinaban, al mismo tiempo que amenazaban lo “políticamente correcto”. Basó su tesis doctoral en el efecto invernadero de Venus y propuso con ello la imposibilidad del desarrollo de la vida en ese planeta, cosa que desafiaba las teorías del momento; las misiones Venera, de la Unión Soviética confirmarían posteriormente la hipótesis de Sagan.

Fue profesor en la Universidad de Harvard, pero la dirección de tan vetusta institución no veía con buenos ojos la dirección que tomaban sus investigaciones y le negó la renovación del contrato. Se trasladó entonces a la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York), donde trabajó desde 1971 hasta su muerte.

Sagan publicó más de 600 artículos científicos y de divulgación y fue editor, autor o coautor (en la mayor parte de las ocasiones con su última esposa: Ann Druyan, otro gran talento divulgador) de más de 20 libros, con los que ganó premios de gran prestigio.

La novela Contacto (Contact), en cuya adaptación al cine trabajaba en la época de su fallecimiento, es una pequeña joya en la que invirtió varios años de su vida y en la que, asesorado por un grupo de científicos, escribió una historia de ficción científica en donde todo lo propuesto fuera teóricamente posible. En esta novela Sagan expone la mayoría de sus teorías y además en sus personajes se pueden encontrar elementos que proceden del mundo que lo rodeó. De la lectura de Contacto se extrae fácilmente la conclusión de que una enorme cantidad de efectos maravillosos se hayan latentes tras elementos tan prosaicos como los conceptos básicos de las matemáticas o ciertos fenómenos de la física.

Desempeñó cargos de responsabilidad en las misiones de la NASA a otros planetas: programas Mariner, Viking, Voyager y Galileo. También fue miembro activo de algunas misiones Apolo. Y, además de los mayores reconocimientos que la NASA otorga, recibió inmumerables distinciones a lo largo de su vida.

La paz mundial, la educación de las masas, la exploración planetaria, los programas educativos gubernamentales, la exobiología, la conservación de nuestro planeta… Son todos temas que interesaban y preocupaban a Sagan profundamente y en los que trabajó e investigó con ahínco. Entre las numerosísimas actividades que desempeñó a lo largo de su carrera se encuentran sus estudios y críticas acerca de las consecuencias que traería una guerra nuclear, a las que llamó invierno nuclear. Criticó las “razones” suicidas de las grandes potencias para producir armamento nuclear. Formó parte activa en la erradicación de los CFC y otros programas de protección ecológica. También estudió el origen de los organismos con los genetistas Hermann J. Muller y Joshua Lederberg y trabajó como astrofísico en el Observatorio Astrofísico Smithsoniano desde 1962 hasta 1968.

Además, fue cofundador del Comité Para la Investigación Escéptica de los Fenómenos Paranormales (CISCOP), y mantuvo una oposición y crítica constante en contra de las pseudociencias; en su libro El mundo y sus demonios, critica duramente a éstas y a las religiones.

También destaca su labor como cofundador de la Sociedad Planetaria, el mayor grupo del mundo de interesados en el espacio. Las acciones que promueve (cuando los gobiernos le dejan), ayudan a que comprendamos un poco mejor todos esos mundos que observamos con nuestros humildes telescopios, prismáticos y ojos.

Sagan afirmaba —y comparto esa opinión— que el principal problema de la humanidad es que se ha estado enseñando a mucha gente “qué” pensar, y no “cómo” pensar; Cosmos, El mundo y sus demonios o Miles de millones son libros de Carl Sagan que exponen los puntos de vista de su autor sin oprimir por ello la capacidad de libre juicio del lector; es más, le enseñan a adoptar siempre una postura crítica ante todo aquello a lo que nos enfrentamos.

Carl Sagan es definido a menudo como “una luz en la oscuridad”, expresión que él empleaba para aludir a la ciencia. Siempre trató de demostrar que la mayor parte del terror que sufren los seres humanos procede de la ofuscación que provoca la falta de instrucción científica. Sin embargo, la ciencia posee la capacidad de disipar nuestros más oscuros miedos y preocupaciones.

Hace ahora cinco diez años que su cuerpo dejó de funcionar, pero su legado permanecerá en las generaciones futuras. En Un punto azul pálido, por ejemplo, ya nos expone un buen modo de afrontar la situación internacional que estamos viviendo y evitar hechos futuros similares:

Se ha dicho en ocasiones que la astronomía es una experiencia humillante y que imprime carácter. Quizá no haya mejor demostración de la locura de la vanidad humana que esa imagen a distancia de nuestro minúsculo mundo. En mi opinión, subraya nuestra responsabilidad en cuanto a que debemos tratarnos mejor unos a otros, y preservar y amar nuestro punto azul pálido, el único hogar que conocemos.
(Carl Sagan, Un punto azul pálido. Traducción al español de Marina Widmer Caminal, Barcelona, Planeta, 1995).

Carl Sagan fue un gran ser humano, con todo lo que ello implica, ciertas mezquindades incluidas, pero aún con ellas su legado es de un valor incalculable. Gracias Carl, por animarnos a pensar.

CMJ.:.
Diciembre 2001 // Diciembre 2006