De Julio Alonso y la SGAE

EN: Warning: This post is over two years old, so it's possible that the views, opinions, links or instructions reflected on it do not correspond with the way I think now or the way things currently work. I have evolved (and so have the World and the Internet), so it might be advisable to just take this entry for a glimpse into the (my) past. :)

ES: Atención: Este artículo tiene más de dos años de antigüedad, de modo que los puntos de vista, opiniones e instrucciones que se vierten en él pueden no corresponder con cómo pienso ahora o cómo funcionan las cosas en la actualidad. He evolucionado (y también lo han hecho el mundo e Internet), así que probablemente lo más recomendable sería entender esta entrada como un simple reflejo del (de mi) pasado. :)

Estaba escribiendo un comentario a la entrada de Alma Fernández (Webmaster Libre) “Todos somos Julio Alonso” pero como me estaba yendo por las ramas (más de lo habitual :tongue: ) decidí publicar mis variaciones y fugas sobre el tema en mi propia bitácora.

Si alguien quiere saber la historia de este bitacorero llamado Julio Alonso, tenéis más información en Merodeando, la propia página de Julio Alonso, y en el artículo SGAE=Demanda en El País.

Yo no suelo hablar de la SGAE (aunque te posiciona muy bien, eso sí), porque me parece tan fatua que ni me molesto. Además ya hay mucha gente que se encarga de eso con más o menos argumentación (algunas críticas encarnizadas me parecen contraproducentes: ponen al criticante a la altura de lo criticado o peor aún).

Pero sí es cierto que los de la SGAE se han cebado con una entrada de blog que (ya no digo “me parece”) se mire por donde se mire (llevo meses siguiendo el asunto, como muchos internautas) no es “difamatoria” o como le llamen al supuesto delito que ha cometido. Era un comentario sobre los intentos de otros por hacer que los resultados de Google de “ladrones” apuntasen a la asociación. Como bien dice Julio Alonso, es una entrada meramente informativa.

Es más que evidente que necesitaban una cabeza de turco y le tocó a Julio Alonso.

Y hablando de todo un poco, siento de veras lo que le hicieron a la madre (y a la tele) de Alma Fernández:

Mi familia regentaba un hostal y teníamos un televisor en una salita para que los huéspedes pudiesen ver un ratito la tele y demás. Al fallecer mi padre, mi madre decidió cerrar el hostal pero olvidó dar de baja aquella tele y, de pronto, una viuda con una hija de 8 años y un negocio a desmantelar se encontró con una enorme factura por un año de televisión que no había existido, con sus recargos y su todo.

Yo también tengo una anécdota de hace ya tiempo.

Entre los años 2000 y 2002 participé con el English Theatre Group de la Universidade de Santiago de Compostela en la representación de tres obras de Shakespeare en versión original, una cada año. A nuestra representación anual de Shakespeare en versión original, repito, venían a asegurarse de que no habíamos sacado el texto de algo sujeto a canon. Bendita la biblioteca shakespereana del siglo XIX de mi bisabuelo…

Cada vez que aparecía una de las “agentes” (en medio del montaje de los decorados), me llamaban para que yo hablase porque era la encargada de encontrar y arreglar los textos y porque por lo visto tengo mucha retranca gallega, muy útil en estos casos. Nos fastidiaba que viniesen a lo de Shakespeare porque ya pagábamos el canon cuando hacíamos alguna obra actual. Pero venían a asegurarse de que cuando no tenían noticias
de nosotros era porque estábamos siendo unos morosos.

Con el tiempo, la conversación anual se convirtió en tradición:

– Agente de la SGAE: Buenos días
– Servidora: Buenas
– Agente: ¿Tiene un momento?
– Servidora: La verdad es que no, pero haré un esfuerzo por atenderla
– Agente: Ah… Bueno.
– Servidora: Dígame
– Agente: ¿Qué obra van a representar?
– Servidora: A Midsummer’s Night Dream. Se conoce como El sueño de una noche de verano en español y O soño dunha noite de San Xoán en galego.
– Agente: ¿Quién es el autor?
– Servidora: [Me abstengo de comentar…] Está puesto en los carteles: William Shakespeare [Yo lo llamo Guillermito, pero nunca se lo dije a una “agente” porque igual me ponen un canon sobre la traducción…]
– Agente: ¿Murió hace más de 75 años?
– Servidora: [Aquí no puedo contenerme, lo siento] Bueno, todo el mundo sabe que Shakespeare murió a principios del siglo XVII, como Cervantes.
– Agente: [Tonillo tocanarices] Bueno, pero a lo mejor el texto es una traducción y el autor aún está vivo.
– Servidora: [Intento no ponerme borde, como ella] No, no es una traducción, usamos los supuestos textos originales [Aquí la cago, pero es que no quiero ser imprecisa]
– Agente: ¿Qué quiere decir con eso?.
– Servidora: Bueno, es que no es muy fácil acceder a los originales originales, así que lo que nos encontramos hoy en día son ediciones críticas o basadas en una publicación anterior.
– Agente: Entonces tienen que pagar el canon porque seguramente el autor de la edición crítica o la compilación es una persona aún viva.
– Servidora: En nuestro caso lo dudo, porque usamos una edición de 1843. [Bendita la biblioteca de mi bisabuelo, insisto]
– Agente: [No se rinden nunca…] ¿Y usan todo el texto?
– Servidora: [¿Por qué no dejo de ser idiota y le digo simplemente que sí?] No, hemos hecho cortes y refundido partes del texto para no hacerlo demasiado insufrible a espectadores de hoy en día.
– Agente: Entonces tienen que pagar un canon por el autor de la fundición.
– Servidora: Los arreglos los hemos hecho entre todos. [Mis colegas, que llevan todo el rato con la antena puesta, asienten]
– Agente: Pueden considerar entonces registrar la obra para percibir los derechos.
– Servidora: [Antes de que a alguien se le ocurra “considerarlo”] Quizás en otra ocasión, pero hacemos esto sólo para divertirnos y pensamos que Shakespeare no se lo merece. Muchas gracias por la información de todos modos. Continuamos con los decorados. Adiós…

En fin…

Y bueno, es evidente que aún no he puesto un diseño nuevo.

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