¿Para qué creéis que luché?

EN: Warning: This post is over two years old, so it's possible that the views, opinions, links or instructions reflected on it do not correspond with the way I think now or the way things currently work. I have evolved (and so have the World and the Internet), so it might be advisable to just take this entry for a glimpse into the (my) past. :)

ES: Atención: Este artículo tiene más de dos años de antigüedad, de modo que los puntos de vista, opiniones e instrucciones que se vierten en él pueden no corresponder con cómo pienso ahora o cómo funcionan las cosas en la actualidad. He evolucionado (y también lo han hecho el mundo e Internet), así que probablemente lo más recomendable sería entender esta entrada como un simple reflejo del (de mi) pasado. :)

Gracias a un tweet de Marta me entero del discurso de un votante declarado del Partido Republicano de los de EE. UU. y veterano de la Segunda Guerra Mundial en el que defiende abiertamente el matrimonio entre homosexuales. Es algo que afortunadamente ya es legal en España, pero que se les niega a los ciudadanos de la mayoría de los países del mundo, incluido ese autoproclamado defensor de la democracia y de los derechos humanos que son los Estados Unidos de América.

Podéis ver su declaración a continuación. Más abajo os dejo la transcripción de sus palabras (esta es la más fiable que he encontrado) y una traducción al español realizada por mí a toda prisa, así que si alguien ve errores, que me los comente y los corrijo enseguida.

http://www.youtube.com/watch?v=GrEbJBFWIPk

Traducción:

Saludos, Comisión. Me llamo Phillip Spooner y vivo en el número 5 de la calle Graham en Biddeford [estado de Maine, EE. UU.]. Tengo 86 años y soy republicano [del Partido Republicano de los EE. UU.] de toda la vida, además de capellán militar de la asociación Veterans of Foreign Wars [Veteranos de Guerras Extranjeras]. Todavía realizo servicios para tres hospitales y dos asilos, y además llevo 28 años con Meals on Wheels [“comidas sobre ruedas”, asociación que lleva comida a domicilio a personas necesitadas o de movilidad reducida]. Mi esposa durante 54 años, Jenny, falleció en 1997. Juntos tuvimos cuatro hijos varones, uno de ellos homosexual. Los cuatro sirvieron en el ejército. Nací en una explotación agrícola de patatas al norte de Caribou y Perham [localidades del estado de Maine], donde me educaron para creer que todos los hombres fueron creados iguales y nunca lo he olvidado. Serví al ejército de los Estados Unidos entre 1942 y 1945, en el Primer Ejército, como auxiliar sanitario y conductor de ambulancias. Trabajé con todos los equipos posibles, incluido el Tercer Ejército de Patton. Viví los combates de las cinco principales batallas de Europa, entre ellas la Batalla de las Ardenas. Mi unidad recibió menciones presidenciales por haber transportado con el menor número de accidentes el mayor número de pacientes de todas las unidades de ambulancias de Europa, y estuve en la liberación de París. Tras la guerra traje a prisioneros desde Polonia, Hungría y Yugoslavia, y también transporté a cientos de alemanes heridos de vuelta a Alemania.

Me encuentro aquí hoy por una conversación que tuve en junio cuando fui a votar. Una mujer me preguntó en mi colegio electoral: “¿Cree usted en la igualdad de derechos para gays y lesbianas?” Me sorprendió mucho que me hiciesen tal pregunta. Para mí no tenía ningún sentido. Al final le pregunté: “¿Para qué cree usted que lucharon nuestros muchachos en Omaha Beach [una de las playas del Desembarco de Normandía]?” He visto tanto, tanta sangre y tripas, tanto sufrimiento, mucho sacrificio. ¿Para qué? Por la libertad y la igualdad. Esos son los valores que hacen de los Estados Unidos de América una gran nación, una por la que vale la pena morir.

Les doy charlas a profesores de secundaria sobre la II Guerra Mundial y no les hablo del horror. Quizás tendría que invitarlos a los hornos de Buchenwald y Dachau. He visto con mis propios ojos las consecuencias de los sistemas de castas, y eso convierte a unos en menos que otros, de segunda clase. Nunca más. Todos debemos tener igualdad de derechos. Es para lo que surgió este país. Se necesita todo tipo de personas para montar una guerra mundial. No tiene sentido que algunas personas que se aman puedan casarse y otros no sólo por ser quienes son. Por eso luchamos en la II Guerra Mundial, por esa idea de que podemos ser diferentes y sin embargo iguales.

Mi mujer y yo no educamos a nuestros hijos con la idea de que tres de ellos tendrían ciertos derechos que el homosexual no podría disfrutar. Los educamos a todos para que fuesen ciudadanos trabajadores, leales a su país y estuviesen contentos de vivir en él, y todos salieron adelante. Creo que si dos adultos que se aman desean contraer matrimonio, deberían poder hacerlo. Se supone que todo el mundo es igual en igualdad en este país. Dejemos que los homosexuales tengan derecho a casarse. Gracias.

Transcripción:

Good morning, Committee. My name is Phillip Spooner and I live at 5 Graham Street in Biddeford. I am 86 years old and a lifetime Republican and an active VFW chaplain. I still serve three hospitals and two nursing homes and I also serve Meals on Wheels for 28 years. My wife of 54 years, Jenny, died in 1997. Together we had four children, including the one gay son. All four of our boys were in the service. I was born on a potato farm north of Caribou and Perham, where I was raised to believe that all men are created equal and I’ve never forgotten that. I served in the U.S. Army, 1942-1945, in the First Army, as a medic and an ambulance driver. I worked with every outfit over there, including Patton’s Third Army. I saw action in all five major battles in Europe, including the Battle of the Bulge. My unit was awarded Presidential Citations for transporting more patients with fewer accidents than any other ambulance unit in Europe, and I was in the liberation of Paris. After the war I carried POW’s back from Poland, Hungary, and Yugoslavia, and also hauled hundreds of injured Germans back to Germany.

I am here today because of a conversation I had last June when I was voting. A woman at my polling place asked me, “Do you believe in equal, equality for gay and lesbian people?” I was pretty surprised to be asked a question like that. It made no sense to me. Finally I asked her, “What do you think our boys fought for at Omaha Beach?” I have seen much, so much blood and guts, so much suffering, much sacrifice. For what? For freedom and equality. These are the values that give America a great nation, one worth dying for.

I give talks to eighth grade teachers about World War II, and I don’t tell them about the horror. Maybe I have to invite them to the ovens of Buchenwald and Dachau. I’ve seen with my own eyes the consequences of caste systems and it make some people less than others, or second class. Never again. We must have equal rights for everyone. It’s what this country was started for. It takes all kinds of people to make a world war. It does make no sense that some people who love each other can marry and others can’t just because of who they are. This is what we fought for in World War II, that idea that we can be different and still be equal.

My wife and I did not raise four sons with the idea that three of them would have a certain set of rights, but our gay child would be left out. We raised them all to be hard-working, proud, and loyal Americans and they all did good. I think if two adults who love each other want to get married, they should be able to. Everybody’s supposed to be equal in equality in this country. Let gay people have the right to marry. Thank you.

Espero que las palabras de este hombre os gusten o que os abran los ojos. :wall: