No soy una suicida. Lo he comprobado. Al menos, no una suicida al uso.
Por lo visto he decidido suicidarme poco a poco, y el método elegido es colapsar mis arterias. De momento ya he conseguido situar mis niveles de colesterol en sangre en el límite máximo considerado aceptable para una persona sana.
Si me zampo otro KinderBueno hoy, además de resultar ser un gran placer consolador con ciertos toques de “petite madeleine”, habré dado otro paso hacia el fin.
Porque como todos sabemos, vivir es malo para la salud.
He descubierto que cada vez que tengo que reiniciar Windows, si me pongo a hacer abdominales hago casi 50.
Con la frecuencia que tengo que reiniciar el asuntito de marras, de aquí al verano me va a salir una tableta de chocolate que ya veréis. Ni mi madre, que me dicen que desde que está a régimen y hace ejercicio está toda buenorra.
Hoy, lunes 12, ha sido peor que todos los martes 13 de mi vida juntos. Hasta he recibido malas noticias por cosas que era imposible que fuesen mal.
Y ODIO A MUERTE que me digan “haz lo que quieras” porque si alguna vez estoy toda jodida y me dicen eso, aún me joden más. Quizás a otros les funcione, pero a mí no: no puedo hacer lo que quiera, no señor. Y atención: estoy utilizando tacos, y además por escrito; atención a los niveles de fastidio sublime.
Y aún no son más que las 8 de la tarde, a buen seguro aún me esperan más sorpresas desagradables.
Qué bonitos son a veces los lunes. Ni siquiera saber que quizás tenga que trabajar el próximo día festivo ha fastidiado el día de hoy.
Un abrazo a Irene, Maje, Jánder, Philip, mi estimadísimo Caesar y mi amantísima madre porque conseguí conversar con todos ellos a la vez a través de distintos canales.